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Por su situación geográfica, Melilla se convierte en
un tesoro para sus propios habitantes y
para los que se decidan a cruzar el pequeño charco del Mediterráneo
que separa la Península y el norte de África. Pocas ciudades pueden
presumir de poder ofrecer en un paseo de pocos metros templos de cuatro
creencias religiosas distintas: cristiana, musulmana, hebrea e hindú.
Esa «ruta de los templos» va unida a la necesidad de convivencia entre
una auténtica macedonia de ciudadanos, especialmente los musulmanes
y los cristianos, que conforman la más amplia mayoría. Difícil aquí
etiquetar las nacionalidades con un Dios determinado.
Ruta de los templos. Varias son las propuestas, como la sinagoga Or Zoruah de los hebreos, el templo hindú Mandir, una de las mezquitas como la Zauia Alauia o la iglesia más antigua de la ciudad, la Purísima Concepción, que data de 1657.
A esa ruta de templos se puede unir la ruta del Modernismo, que dejó en la ciudad excelentes ejemplos de esa arquitectura desde las primeras décadas del siglo XX y que, quizás, es lo primero que sorprende al viajero que se adentra por las calles del centro. Los nombres de Emilio Alzugaray, ingeniero militar que hizo un alto en su carrera para impulsar la nueva Melilla, o Enrique Nieto y Nieto, arquitecto que partiendo del modernismo evolucionó hacia el «art decó» y el prerracionalismo, van unidos al de la creación del ensanche melillense. |

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